Unos cuantos vecinos del Molino de Pérez, en Holanda, manifestaron diversas quejas a un periodista de El País, comentándole que los drogadictos y los jóvenes orinaban y defecaban en las calles por la noche, dejando un olor horrible en las calles y hasta en los patios y jardines de las propias casas de los vecinos.










